La fábula de la cínica y la optimista

Estaba viendo una entrevista que le hizo Charlie Rose a Anthony Bourdain – este último es una de mis celebridades favoritas en el mundo- donde para variar, como cada vez que abre la boca, dijo una de esas verdades universales del individuo del nuevo milenio: “Existe una profunda satisfacción personal al ser capaz de unir en perfecta armonía una serie de elementos escrupulosamente elegidos por ti y crear una obra maestra, por ejemplo: un delicioso plato de comida. La sensación que experimento al elaborar ese plato y contemplar su perfección hasta el preciso momento en que se lo llevan de mi vista (para ser arruinado en una mesa) es lo más cercano a la felicidad.”

Eso me dejó pensando en nuestra incansable y desesperada búsqueda de la felicidad, y en todo lo que el ser humano es capaz de hacer, atravesar, soportar y sacrificar por años para alcanzar esa especie de estado divino, la tierra prometida, la utopía, el cofre lleno de oro al final del arco iris, aquel preciado momento de tu vida del que tanto hablan las AFP’s, una especie de geriátrico de lujo en Punta Cana, pero con rampas sobre la arena, para todos los que vamos a llegar con el alma en una silla de ruedas. Si diera rienda suelta a mi cinismo, diría que la búsqueda de la felicidad es un acto de fe. Pero el cinismo le cae mal a la gente y al sistema privado de pensiones también, así que voy a ser optimista: la felicidad no está en comerse el plato, la felicidad está en cocinarlo.

Anthony Bourdain es una de mis personas favoritas en el mundo, porque yo me le parezco un poco. Sí, hay mucha vanidad en eso, pero como no me permito la vanidad en la vida real me la quiero permitir en la red. Tony, si no han leído sus columnas o visto sus programas en la TV, es un tipo muy clever que viaja a lugares inhóspitos, come, bebe y escribe sobre ello. También cocina, porque además es chef. Es como un reportero de guerra, pero con la comida. Nos muestra escalas de pobreza totalmente inimaginables para cualquiera de nosotros y destaca lo increíblemente decentes y alegres que pueden ser las personas que viven con muy poco, y hace que todo tu escepticismo acerca de la bondad de la gente se vaya a la mierda. Y terminas con el corazón reblandecido y agradecido, por todo lo que tienes y de lo que tanto te quejas.

Mi viejo optimismo me dice que dejemos de perder el tiempo y que hagamos como Bourdain cuando cocina. No nos pasemos las mejores décadas de nuestra vida haciendo sólo sacrificios, saltando vallas, esquivando rocas, nadando contra la corriente, como si la vida fuera una decatlón. Hay que tomar las tres o cuatro cosas que más nos gustan y hacer algo hermoso con ello, algo que podamos admirar y de lo que podamos sentirnos orgullosos, aunque sepamos que no durará por mucho tiempo. Y voy a hacer una corrección a algo que escribí líneas arriba: hay felicidad cuando te comes un delicioso plato de comida, pero hay mucha más mientras lo estás cocinando.

la fábula de la cínica y la optimista

Anthony Bourdain

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