El efecto cocktail party

El efecto cocktail party es un fenómeno hacia el cual me siento particularmente atraída, no sólo porque se trata de una de las capacidades auditivo-cerebrales más interesantes del ser humano, sino porque explica cómo en el último tiempo he malgastado, huevonamente, mi merecido tiempo de esparcimiento, en conversaciones ridículamente empelotantes.

Esta cualidad de nuestro cerebro -una exclusividad del hemisferio izquierdo- nos permite discriminar un único sonido o la voz de una sola persona, en un ambiente de bullicio o de múltiples conversaciones, lo que en cristiano quiere decir, que en una fiesta o reunión social podemos concentrarnos libremente en las banalidades que sí nos interesa escuchar y pasarlo pork.

Cuando niña, muchos de mis momentos familiares más gratos transcurrieron durante los almuerzos de domingo en casa de mi abuelita Antonieta. Ella sí que sabía ofrecer comidas multitudinarias, fue la mejor anfitriona de reuniones y festejos que haya conocido. En su mesa se juntaban sus hermanos, hijos, nueras, yernos, nietos, sobrinos, sobrinos-nietos y sus amigas, estas últimas conocidas como “Las Ángeles de Charlie”, con eso le dije todo.

No puedo recordar mejores sobremesas que las de aquellos tiempos, todo júbilo, todo alegría, todo en son de chiste, tanta buena vibra, tantos hijos con grandes futuros por delante y tantos grandes con sólo buenos recuerdos para contar, mi abuelita celebraba la vida y todos los demás la celebrábamos a ella. Fue Chavela Vargas la que dijo: “Las mujeres con pasado y los hombres con futuro son las personas más interesantes”, debe ser por eso que siempre me ha gustado sentarme del lado de los viejos.

Ya a mis treintaytantos y más habituada a las costumbres chilenas, las “celebraciones” suceden alrededor de una parrilla, frente a la cual, por lo general, los hombres hablan de política y, tres metros más allá, las mujeres preparamos ensalada. No me malinterprete, también puedo disfrutar con gusto de ciertos rituales sociales convencionales, de vez en cuando, a excepción de cuando se sienta a mi lado alguna loca con cara de estreñimiento y vomita toda su frustración sobre mi optimismo y toda su amargura sobre mi buena voluntad de escucharla.

Pero también, de vez en cuando, añoro el tipo de celebración donde sólo hay buenas viejas historias, como las de mi familia, donde el domingo siempre es un día de fiesta, donde la música retumba los vidrios, donde las carcajadas son a todo pulmón, donde todos se saben la letra del vals, donde ningún lazo es más fuerte que la sangre y el de al lado es tu padre, tu tío o tu prima, y te ama con toda certeza; donde no existe el fútbol, ni la dictadura, ni la derecha, ni la izquierda, ni hay que picar tomate para el pebre.

El único efecto cocktail party que quiero experimentar es el que me produce 40° grados de alcohol en un Mojito.

El único efecto cocktail party que quiero experimentar es el que me producen 40° grados de alcohol de un Mojito.

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5 comentarios en “El efecto cocktail party

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