De sacerdotisa a hereje

El sábado antepasado fue la despedida de soltera de mi mejor amiga Clementina. Eso me recordó mi propia despedida de soltera –sin comentarios-  y todos los ritos de iniciación que las mujeres hacemos entorno a otras mujeres, para celebrar las mudanzas emocionales a las que nos sometemos alegremente (porque ignoramos las consecuencias).

Tuvimos todo lo que manda el ritual: figuras fálicas, cuentos obscenos, danzas exóticas, pociones espirituosas y una mujer torturada. Toda esa magia, todo ese vigor, todo ese estrógeno, es la fuerza de una tribu, la macumba que necesita la futura esposa para sobrevivir interminables años de calcetines en el suelo, inodoros salpicados, mundiales de fútbol, cervezas sin posa vasos y miles de cuellos y puños de camisas por desmanchar.

La necesidad de contar con una tribu, es casi similar a la de contar con una pareja sentimental. Y los esfuerzos por preservar las amistades, son tan complejos como los de preservar el amor. Sin dedicación, sin lealtad y sin poder decirse las cosas a los ojos, se acaba la amistad, no importa cuántas veces se hayan sujetado el pelo mutuamente para vomitar.

Las mujeres somos famosas por mirar el ropero cada 28 días y decir: “no tengo nada qué ponerme”. A mí me pasa lo mismo, pero con las amigas. Yo le digo a mi marido (conocido por quienes no lo conocen de verdad como “el santo”), que esas crisis no se dan porque sí, que esto de ser mujer es como pertenecer a una hermandad muy celosa y muy ingrata, porque de un día para otro puedes pasar de “suma sacerdotisa” a “hereje” si se te ocurre la gran idea de cambiar tu estado civil, así nada más.

Mientras eres soltera, gastas buena parte de tu juventud poniéndole el hombro a medio centenar de mujeres despechadas, y otro tanto a armar borracheras memorables, todo con la finalidad de ganarte un respetable lugar en la tribu. Esa, señores, es la base de toda gastritis.

Pero todo se va mágicamente a la porra cuando decides casarte. De pronto, tus amigas, esas que terminaron con fractura de cadera por lanzarse detrás del ramo, esas a las que les aceptaste que tu despedida fuera con “vedetto” sólo porque sabías que ellas querían vedetto, ya no encuentran tiempo para llamarte porque todas las juntas siempre son de “último minuto”.

Ahí es cuando miro a mi santo, con cara de autogol, y le digo: “¿Dónde están las amigas?”. Pero tal como en lo de la ropa, luego de 35 minutos de crisis y lamentos, y de mirar bien en el fondo del ropero (y de tu corazón), siempre es posible encontrar una linda y esperanzadora caja de zapatos que no habías visto en mucho tiempo, dispuestos a acompañarte en tus futuras memorables borracheras.

 

Mujeres de la tribu Masai, Kenia. Su vida está llena de celebraciones.

Mujeres de la tribu Masai, Kenia. Su vida está llena de celebraciones.

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3 comentarios en “De sacerdotisa a hereje

  1. Me he quedado enganchadísima con la buena Sara, no sólo porque tenemos vivencias similares sino porque la forma de decirlo todo es tan genial, que me ha dejado cautivada.
    Recomiendo el Blog a través de mi Face, y espero los siguientes post para avanzar con el deleite.

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  2. Pingback: Mi amiga Frida Kahlo | Diario de una casada (neurótica)

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